Blue Monday. Gestion del estres. Equilibrio emocional. Olga Calvo. Psicologa online madrid y Valladolid. Gestión del estrés, emocional y desarrollo personal a través de la psicología integrativa. Gestalt. Diafreo. Psicologa especializada en reprocesamiento de experiencias limitantes a través de la estimulación bilateral, tapping y EFT. Cursos y sesiones online.

Blue Monday: Marketing u oportunidad tras la navidad

Blue Monday, el día más triste del año. ¿En serio? Quédate si te interesa conocer el lado oscuro del marketing y la psicología cuando de ganar dinero se trata.

Valoraremos el origen de este termino y veremos algunos factores que pueden estar detrás de la realidad de la “depresión” post vacacional navideña. También algunas recomendaciones para sacar partido de este momento de crisis.

El origen del Blue Monday

El Blue Monday se celebra el tercer lunes de enero. Desde 2005 este concepto ha calado en nuestra cultura.

Fruto de una fórmula matemática cuestionable creada para una campaña publicitaria y más allá de su origen pseudocientífico, plantea una interesante pregunta: ¿por qué muchas personas experimentan una caída anímica tras las fiestas navideñas?

La fórmula fue desarrollada por el psicólogo Cliff Arnall, entonces profesor Centro De Aprendizaje de Lifelong, adjunto a la Universidad de Cardiff (Gales), a petición de la agencia de viajes Sky Travel, que buscaba un gancho publicitario para impulsar las ventas de vacaciones en enero.

Quiénes fueron sus artífices

La idea proviene de una de las mayores agencias de publicidad del mundo, la agencia publicitaria Porter Novelli fundada en Nueva York en 1952. Su oficina de Londres llevaba la cuenta de Sky Travel, una marca de viajes del grupo televisivo Sky.

Para los operadores turísticos, enero era el mes con menos volumen de ventas a consecuencia del gasto navideño.

Sky Travel buscaba un gancho mediático para promocionar sus ofertas de última hora y vacaciones de invierno. Necesitaba una noticia que generase cobertura periodística gratuita y un estado emocional en el público que hiciese atractiva la solución que proponían de escaparse del frío y la tristeza.

Buscaron un experto, que les ayudase, el Dr. Cliff Arnall. Era tutor en el Centre for Lifelong Learning, un departamento de educación continua de la Universidad de Cardiff. 

Tenía un doctorado en psicología sobre educación y felicidad, pero no era un investigador activo en psicología clínica o neurociencia. Era más bien un formador en habilidades personales con una posición muy conveniente.

Años después, la Universidad de Cardiff se desvinculó públicamente de la fórmula, aclarando que era un trabajo externo de Arnall.

El diseño del Blue Monday

La estrategia con la que se creo el Blue Monday siguió el clásico modelo de “Pay-for-Play», «Pago por autoría” o “Aval de terceros”.

El primer paso fue definir un mensaje comercial para vender vacaciones en enero. Buscaron una prueba que lo respaldase y posteriormente se creo un concepto «científico” atractivo, sin una investigación independiente

El equipo de Porter Novelli, junto con Arnall, buscó una fórmula que sonase compleja y matemática con la convicción de que la ciencia era el disfraz perfecto para dar credibilidad a sus objetivos.

Eligieron variables emocionales universalmente identificables como la deuda tras las navidades, el clima típico del invierno y los propósitos fallidos de principios de año para que cualquiera pudiera sentirse identificado.

La fórmula original propuesta por Arnall era:

[C + (D-S)] x TA
———————————— + Nd
M x Nc

Donde:

  • C = Clima
  • D = Deuda
  • S = Salario mensual
  • T = Tiempo desde Navidad
  • A = Tiempo desde que abandonamos nuestros propósitos de Año Nuevo
  • M = Bajos niveles de motivación
  • Nc = Necesidad de actuar para cambiar
  • Nd = Necesidad de «divertirse» en enero

En segundo lugar buscaron enlazar esta formula con un titular contundente. Para ello «El día más triste del año» es un titular perfecto. Es absoluto, provocador y fácil de recordar. Se eligió para este día el tercer lunes de enero. Con esto podían para darle urgencia y hacerlo repetible cada año.

El paso tres fue conseguir que un experto lo avalase a cambio de dinero y exposición. Ese experto fue Cliff Arnall. Fue contratado y pagado para prestar su nombre y título de «Dr.» a la fórmula a cambio de honorarios y una exposición mediática masiva que impulsó su carrera como experto en felicidad y le permitió lanzar después libros, charlas y otras colaboraciones mediáticas.

El cuarto paso incluyo su lanzamiento como noticia, no como anuncio. La agencia no pagó espacios publicitarios. Envió un comunicado de prensa a todos los medios presentándolo como un «hallazgo de un investigador de la Universidad de Cardiff».

La fórmula, con su aura científica, fue el cebo perfecto. Medios serios como la BBC, The Guardian y hasta revistas científicas populares lo cubrieron inicialmente como curiosidad, sin verificar su base real.

El eslabón final estaba en la recomendación del Dr. Arnall sugiriendo que planificar unas vacaciones podía ayudar a combatir el bajón… y, por casualidad, Sky Travel tenía ofertas listas.

La transacción fue éticamente gris. Él no ocultó su vínculo con Sky Travel, pero los medios a menudo omitían ese detalle, presentándolo como un académico independiente.

La Universidad de Cardiff se vio salpicada, teniendo que aclarar que no era un estudio suyo.

El resultado fue win-win para la agencia, el cliente y el psicólogo. Sky Travel y Porter Novelli obtuvieron gratis una campaña de publicidad valorada en millones de euros mientras, Arnall se convirtió en un nombre conocido, un «gurú de la felicidad» mediático.

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¿Por qué se popularizó?

A pesar de su falta de rigor, el concepto se difundió masivamente por:

  • Su simplicidad narrativa: la tendencia a percibir una fórmula matemática como científica.
  • La falta de contrastación: periodistas que no hicieron uso de su pensamiento crítico
  • El respaldo mediático: una propensión a creer sin cuestionar aquello que digan los medios. especialmente cuando estas informaciones las recibimos por medios audiovisuales.
  • El marketing emocional: su conocimiento de la psicología del consumo y su capacidad para explotar un sentimiento real: la depresión post-navideña.

La mayor ironía es que, a pesar de haberse revelado como un invento comercial, el Blue Monday sobrevivió a sus creadores.

Análisis Psicológico del Blue Monday

El Blue Monday, a pesar de su origen comercial, coincide con un periodo donde múltiples factores psicológicos, biológicos y sociales convergen, creando las condiciones ideales para el malestar emocional. 

Vamos a explorar los elementos reales que la fórmula simplificada omitió.

1. La disonancia cognitiva tras las navidades

El psicólogo social Leon Festinger nos habló de este concepto que tiene que ver con el malestar que las personas experimentan cuando creencias, actitudes y conductas están desalineadas. Para evitar ese malestar, se tratará de recuperar esa coherencia de cualquier manera, en ocasiones incluso mediante la defensa ciega a través del autoengaño.

En relación a las Navidades, estas fechas suelen estar cargadas de expectativas de felicidad familiar, reconciliación y magia, aunque la realidad presenta conflictos familiares, soledad y estrés debido a la abundancia de planes.

El síndrome del «espejismo social”, es decir, la comparación entre la propia experiencia, con sus tensiones y decepciones, y la apariencia de felicidad constantemente presente en redes sociales y publicidad agudiza el esfuerzo por mantener una alegría forzada. Sostener este esfuerzo durante algunas semanas acaba generando agotamiento emocional.

2. Ruptura de ritmos y actividades de autocuidado

Las fiestas alteran nuestros ritmos circadianos. Nuestros patrones de sueño cambian debido a los horarios de las cenas y el consumo de alcohol.

Se interrumpe nuestras rutinas de ejercicio, alimentación equilibrada y tiempo de descanso, debido al exceso de planes sociales.

En ocasiones se hace mas evidente el aislamiento lo que tampoco contribuye al autocuidado.

Sin embargo, en enero toca retomar lo cotidiano generando un golpe de realidad.

3. El efecto de «vacío existencial» común tras haber completado los planes

Las fiestas, independientemente de cómo se vivan, representan un objetivo temporal con fecha clara hacia el que se proyecta energía y planificación.

Tras el 6 de enero, desaparece ese objetivo inmediato, dejando un vacío que puede experimentarse como falta de propósito a corto plazo, exacerbado por la ausencia de próximos puentes o días festivos en los que poder planificar eventos placenteros.

4. Procesamiento emocional diferido

Durante las fiestas, muchas emociones se posponen, evitando conflictos y polémicas, pero en enero, esas emociones almacenadas emergen cuando baja la adrenalina. Reaparecen resentimientos, duelos pospuestos o conflictos no resueltos, acabando en lo que podríamos llamar una resaca emocional.

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Factores ambientales que afectan a nuestra biología

1. Neuroquímica del invierno

La menor exposición a luz solar reduce la producción de serotonina, neurotransmisor clave en la regulación emocional. Los días mas cortos del invierno y la alteración de rutinas durante las fiestas contribuyen a desregular nuestros patrones de melatonina, desequilibrando nuestro sueño y estado de ánimo.

Si a esto le unimos el consumo en exceso de azúcares refinados, alcohol y alimentos procesados es fácil que acabemos con una inflamación sistémica de bajo grado, que en estudios recientes, se ha relacionado con síntomas de ansiedad, baja energía y disregulación emocional.

2. Privación sensorial

El tiempo de invierno supone menos luz, menos color en el entorno, menos vida en la calle, menos interacciones al aire libre. Tras un periodo de mayor contacto y relaciones, enero suele traer el regreso al distanciamiento físico normalizado.

Todo ello provoca pobreza en nuestra estimulación sensorial y nuestro contacto personal, provocando menores ocasiones placenteras.

Factores socioeconómicos del Blue Monday

1. La «cuesta de enero» como trauma financiero

Aparece, en muchos casos, una sensación de pérdida de de control financiero. Más allá de la cantidad de deuda, surge una ansiedad anticipatoria frente a las próximas facturas, unido a un sentimiento de culpa por haber realizado gastos impulsivos.

La comparación social real o en las redes sociales, agudiza estas sensaciones de ansiedad debido a la normalización de estilos de vida o regalos que pueden estar fuera de la realidad económica propia.

2. Reestructuración social brusca

En enero se pasa de la hiperconexión familiar, de la que no es fácil escapar, a la desconexión social brusca, produciéndoselas un duelo por el fin del tiempo compartido en comidas, juegos o tradiciones.

La psicología de los propósitos de Año Nuevo

La fórmula original del Blue Monday menciona el fracaso en los propósitos, pero no profundiza en por qué fallan sistemáticamente:

  1. Error de la «Tabla Rasa»: Tendemos a creer que el 1 de enero se inicia desde cero, ignorando condicionantes, hábitos y circunstancias de base que limitan nuestras posibilidades de cambio.
  2. Propósitos basados más en los “tengo que” o “debería» frente al “verdadero deseo y las auténticas necesidades»: Muchos objetivos responden a mandatos sociales como el ejercicio o la dieta, pero no corresponden a una motivación intrínseca ni están basados en el adecuado conocimiento en nutrición y entrenamiento efectivo que ayude a facilitar ese cambio.
  3. Falta de planificación por pasos: A veces los objetivos suelen ser demasiado grandes sin haber se trazado planes para alcanzarlos con acciones mínimas realizables.
  4. Fuerte autoexigencia: Los intentos de cambio acaban siendo boicoteados por la propia autocrítica, incapaz de tolerar las desviaciones que acaban interpretándose como fracasos.

El factor cultural

La cultura de la productividad en nuestras sociedades occidentales nos exige, en enero, la vuelta al rendimiento máximo. Esto nos desalinea de nuestra tendencia biológicamente determinada para reducir nuestra actividad en la época invernal.

La presión cultural por transformarnos rápidamente en un nuevo yo, nos disocia entre nuestro yo actual y el idealizado, amplificando nuestro malestar.

Por qué las compras en el Blue Monday no son la solución

La cultura consumista nos sugiere que la solución a la tristeza post-navideña es seguir comprando: rebajas, caprichos, viajes,“autorregalos”. Sin embargo, esto no es más que un parche temporal. 

En Gestalt, lo llamaríamos una interrupción del contacto. Reemplazamos la necesidad real (de conexión, significado, descanso,…) por un sustituto que nos aleja de nosotros mismos e impide nuestra homeostásis (encontrar la verdadera satisfacción que nos devuelva al equilibrio).

Con estos sustitutos conseguimos un placer efímero que suele venir seguida de culpa o vacío, perpetuando el ciclo de la insatisfacción.

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Qué podríamos hacer entonces

El Blue Monday podríamos reinterpretarlo como un «darnos cuenta estacional”. Es un buen momento para ver con claridad cómo hemos vivido la navidad y preguntarnos qué sentimos realmente.

Puede que nos ayude a darnos cuenta de nuestra necesidad de generar un contacto auténtico con nuestro entorno.

Tal vez sea un momento excepcional para recoger la invitación del invierno para darnos un tiempo de cuidado y escucha. Un tiempo que el que prepararnos para momentos mas productivos que irán alineados con una mayor energía biológica cuando los días sean más largos.

Nos ayuda a integrar esa polaridad luz/oscuridad. En lugar de rechazar la tristeza, respetarnos nuestra baja energía y darnos la oportunidad de aceptar la necesidad de descanso, de introspección y de lentitud como parte del ciclo natural. 

Tal vez sea el momento para dejar de exigirnos. Dejar de luchar contra la corriente aprovechando su fluir.

Preguntarnos «¿Qué necesito aquí y ahora en mi plano físico, emocional, intelectual y transcendente/espiritual?”, abriendonos a lo que emerge desde nuestra autenticidad..

Puede ser un momento ideal para reconectar con nuestra sabiduría corporal. Recordar que la tristeza no es solo un sentimiento que aparece en nuestro cerebro, sino que tiene sus manifestaciones en el cuerpo y que, cuando rechazamos su mensaje, se manifiésta como tensión, dolor, enfermedad o ansiedad.

Recuperar la conexión con nuestro cuerpo, energía y emociones nos permite dar salida a sus mensajes para recuperar el equilibrio y fluir en la creatividad.

Si esta época activa recuerdos dolorosos o creencias limitantes como “nunca cumplo lo que me propongo”, “siempre acabo decepcionado” puede ser un buen momento para utilizar herramientas de la psicoterapia con las que reducir la carga emocional de memorias pasadas, reprocesar creencias negativas instaladas e integrar una visión más compasiva y realista de nosotros mismos que nos ayude a nuestro bienestar emocional.

Conclusión

El Blue Monday es un constructo comercial que nos habla de un malestar real multifactorial. Reconocer su complejidad nos permite abordarlo con estrategias realistas, no con soluciones consumistas.

El duelo tras las vaciones y fiestas y la tristeza invernal, pueden ser una invitación a reajustar nuestras expectativas y reconectar con nuestras verdaderas necesidades para alinearnos con los ritmos naturales. Utilizarlos en nuestro crecimiento, en lugar de perder nuestra energía luchando contra ellos.

Este enero, en lugar de luchar contra la tristeza, podemos escucharla. Acompañamos lo que es, no lo que “debería ser”, dar espacio a lo almacenado, liberarnos de las experiencias que limitan este momento.

Tal vez el verdadero cambio empieza cuando dejamos de perseguir una felicidad falsa y nos abrimos a la autenticidad.

Si te interesa que te acompañe en tu proceso puedes contactarme o consultar los cursos con los que puedes iniciar o profundizar tu proceso.

© Olga Calvo/2025: Este material es de acceso gratuito y no puede ser modificado ni comercializado sin autorización. Busca promover el conocimiento en salud emocional, rendimiento y autocuidado responsable. Está permitida su distribución en cuanto esto no implique ningún rendimiento económico y, siempre y cuando, no se altere su texto o formato y se de crédito a su autor.

En ningún caso pretender sustituir valoraciones e intervenciones individualizadas, ni suponen ninguna recomendación sobre salud. En caso de patologías físicas o mentales, solicita una consulta con profesionales de la salud especializados.

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